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Mario A. R. Midón (*)
Un desafortunado proyecto que debe tratar el Congreso de la Nación es el referido a la creación de la llamada Universal Nacional del Chaco Austral. La calificación formulada guarda correspondencia con la manifiesta inconstitucionalidad y, por si ello fuera poco, con la abierta ilegalidad que la iniciativa recrea en la versión que ha tomado estado público. Ante todo debemos precisar que en condiciones ordinarias la apertura de una casa de altos estudios, antes que factor de controversia debería ser un acontecimiento grato a la comunidad educativa. Lamentable, el jolgorio propio de esta eventual realización no alcanza al ámbito de la Universidad Nacional del Nordeste, porque el proyecto que nos ocupa contempla el desmembramiento de nuestra universidad, para así posibilitar sobre la base de ese ilícito apoderamiento la erección de la novísima casa. En efecto, el soporte de la creación lo constituye la facultad de Agroindustrias de la UNNE con sede en Saenz Peña (Chaco) y, asociada a ella la transferencia de la once ava parte del presupuesto de la UNNE, con lo que la universidad del sol no solo perdería una facultad, sino también vería tronchado su presupuesto en una significativa porción. Como puede advertirse estamos en presencia de un sugestivo intento usurpador que en vista de consumarse no trepida en arrasar con cualquier vestigio de juricidad, ignorando los más elementales presupuestos normativos que rigen la vida de estas instituciones. Viene al caso recordar, frente a tan desdichada propuesta, que la noción abecedaria por la que transita el carril institucional de las universidades argentinas es la de su Autonomía, con reconocimiento efectivo desde la sanción de la ley 1.597 del año 1885 y jerarquía constitucional desde 1994. En tren de ser explícitos y demostrar al lector cuán desacertado es el proyecto en tratamiento, destacamos que la autonomía importa para la UNNE tener la aptitud de dictarse su propio estatuto, elegir sus autoridades, disponer de su presupuesto, ejercer el gobierno de sus institutos, gozar de personalidad jurídica, entre otras cosas. De manera tal que en sus proyecciones la tentativa en tratamiento, al mutilar la autonomía universitaria, no hace otra cosa que desobedecer el mandato del constituyente pues quiere birlarle a nuestra universidad su gobierno –decidiendo por ella y contra ella- que está llamada a perder una porción de su patrimonio intelectual y físico y que, también en lo sucesivo, verá esfumarse una fracción importante de su presupuesto. Una de las razones que se invoca para llevar adelante este emprendimiento, sustentado en el mero capricho de su mentor, se sostiene en la afirmación de que la UNNE está “vetusta”. Con tan formidable “argumento” deben temblar –entre otras- Salamanca, Bolonia o Siena. No sea que la originalidad vernácula se traslade a Europa y esas vetustas universidades experimenten la fractura derivada de su longevidad ¡¡¡ ???. No vamos, quienes primero estudiamos y hoy enseñamos en la UNNE, a convalidar este atropello. De prosperar la acometida iremos a la justicia, porque convencidos del tamaño del ilícito que puede consumarse sabemos que no hay tribunal en la tierra capaz de acordar razón a la sinrazón que es la razón de la fuerza. (*) Profesor Titular de Derecho Constitucional en la Facultad de Derecho de la UNNE |
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