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Voluntariado Universitario: una huerta y platos regionales como llaves de inclusión social

Utilizando la huerta como un aula práctica, un equipo de estudiantes, investigadores, graduados y no docentes de la UNNE, llevará adelante un ambicioso proyecto de lograr la inclusión de personas con capacidades diferentes a partir del desempeño de una actividad productiva.

El proyecto es uno de los 24 que la UNNE tiene aprobado por la Secretaría de Políticas Universitarias, en el marco del Programa de Voluntariado Universitario.

La utilización de un huerto como plataforma de aprendizaje, es explicado por la responsable del proyecto, ingeniera agrónoma Claudina María Hack. “Las huertas no deberían ser consideradas solo como una fuente de alimentos, rentas o ingresos, sino también como un medio para mejorar la nutrición y la educación”.

Apostando a un trabajo cooperativo en un ambiente seguro y cuidado, este grupo de universitarios confía en recrear nuevas formas de vínculos, el desarrollo de hábitos y conductas orientadas al trabajo en una comunidad que presenta características determinantes.

El proyecto “Jugando, la sopa se va armando” fue planteado para ser trabajado en la Escuela de Educación Especial Nº33 de Isla del Cerrito, a la que asisten jóvenes con distintos tipos y niveles de discapacidad. La edad de los alumnos va de los seis a los veinticinco años. Los niños asisten por la mañana y los jóvenes-adultos por la tarde. Con las actividades propuestas se espera contribuir a fortalecer la autoestima y desarrollar actitudes como la autonomía, la responsabilidad y la solidaridad de los niños y adolescentes que participan a través del trabajo en conjunto.

Con este escenario complejo, el grupo de universitarios tiene previsto en primer lugar, evaluar el estado nutricional de los niños y así tomar acciones preventivas o correctivas según los casos encontrados.  

A través de  encuestas alimentarias se relevarán los hábitos alimenticios de los alumnos. Se determinarán también parámetros bioquímicos y se tomarán medidas de peso, talla y parámetros asociados. Con los datos relevados se elaborará un plan alimentario y se realizarán talleres con la participación de las familias.

De forma progresiva y planificada, se buscará la integración de la comunidad educativa en la creación y el manejo de un huerto escolar. Se espera que a su vez los alumnos sean promotores de estas tareas en sus hogares y trasladen sus conocimientos de organización y experiencias adquiridas.

Junto con los docentes y alumnos se planificará y preparará la huerta correspondiente al periodo otoño invierno: almacigo, tablones, siembra, transplante y cosecha. Serán instruidos en tareas de mantenimiento: riego, control de plagas y malezas, fertilización.

Para abordar el aspecto nutritivo de la comunidad, este grupo de voluntarios universitarios prevé la organización de talleres de elaboración de comidas utilizando productos cosechados en la huerta.

Pero hay más. Se organizarán concursos entre los alumnos, sobre distintos platos regionales. Serán catados y evaluados según su sabor y presentación por un jurado elegido por los docentes y estudiantes.

 

La ingeniera Hack está convencida de que esta experiencia promoverá el bienestar medioambiental, social y físico de la comunidad escolar. “Las estrategias basadas en la alimentación tienen la ventaja de ser sostenibles: crean hábitos alimentarios saludables a largo plazo y ofrecen al consumidor alimentos diversificados”, señaló.

 

Equipo. Los voluntarios que integran el proyecto “Jugando, la sopa se va armando”, es un grupo interdisciplinario que está compuesto por 18 estudiantes; 6 docentes/investigadores; 5 Graduados y 4 no docentes, pertenecientes al Instituto Agrotécnico “P.M. Fuentes Godo”; la Facultad de Ciencias Agrarias y la FaCENA .

El Programa Voluntariado Universitario tiene como objetivo general profundizar la función social de la Universidad, integrando el conocimiento generado en las aulas con las problemáticas más urgentes de nuestro país. Busca hacer un aporte para que las actividades realizadas por estudiantes y docentes estén orientadas a trabajar junto a la comunidad.

 

Juan Monzón Gramajo

11 de marzo de 2016