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Plantean un abordaje integral en planes de arbolado público

Si bien muchas ciudades del NEA implementan distintos proyectos sobre arbolado urbano, aún persiste un déficit de arboles en espacios públicos. Una especialista de la UNNE destacó que  remarcó la necesidad de acciones integrales que estén articuladas entre el Estado y los ciudadanos.

En el marco de un proyecto de investigación denominado “Políticas Urbanas en las Provincia de Corrientes y Chaco. Planificación, Gestión y Evaluación de sus Procesos de Urbanización” se incluyó un espacio dedicado al “verde urbano” para analizar líneas de acción que definan políticas de conservación y ampliación de la naturaleza urbana como paso necesario hacia la sustentabilidad de las ciudades.

Esas investigaciones permitieron identificar un déficit en materia de arbolado urbano a nivel regional, motivado principalmente por un crecimiento desordenado de las ciudades de la región.

Pero también resultan problemas relevantes la existencia de árboles en riesgo por su mal estado o edad, y el estrés del arbolado público por estar sometido a limitantes para su crecimiento y desarrollo normal.

 “El progresivo crecimiento de las ciudades gravitó el problema del déficit de arbolado en nuestra región” explica la ingeniera María Bordenave, docente e investigadora del Instituto de Planeamiento Urbano y Regional (IPUR-BAT) de la Facultad de Arquitectura de la UNNE.

La investigadora considera que frente a la problemática señalada, muchos municipios o Gobierno provinciales empezaron a implementar planes de arbolados, pero  muchas de esas acciones, pese a la buena voluntad, carecen de un enfoque integral.

Algunos planes se enfocan sólo en árboles a plantar, otros en árboles que no hay que tocar, y algunas acciones sólo trabajan en espacios y paseos públicos, “cuando la realidad amerita acciones integrales” señala Bordenave.

Remarca que el “arbolado urbano” requiere de una planificación a corto, mediano y largo plazo,  como ocurre con otros temas de interés como pueden ser la cuestión habitacional, el tránsito o los servicios públicos. Para ello, en arbolado urbano, es necesario un trabajo encabezado por equipos técnicos, y articulado con los vecinos.

Como forma de exponer la relevancia de arbolado urbano, menciona que la Organización Mundial de la Salud recomienda la existencia de un árbol por habitante, y muchas ciudades del país y la región están lejos de ese indicador.

Las ciudades más grandes del NEA enfrentan el problema del crecimiento progresivo, muchas veces desordenado, que lleva a un déficit de arbolado, mientras las ciudades chicas el principal problema que tienen es la falta de regulaciones y equipos técnicos especializados.

Bordenave destaca que las acciones tienen que implementarse de manera conjunta entre Estado y vecino o frentista, pues de lo contrario puede ocurrir que el organismo municipal o gubernamental  plante árboles que dan sombra pero el frentista no acepte porque tapa el frente de la casa o comercio.

Además el vínculo Estado-ciudadano es una herramienta necesaria para alcanzar el compromiso de los vecinos que son quienes pueden ejercer de cuidado de los árboles y el control del estado sanitario de los mismos, identificando y alertando sobre cualquier anormalidad en el recurso natural.

La región nordeste tiene un clima y condiciones muy benignas para el arbolado, por lo cual las acciones de recuperación tienen mayores posibilidad de éxito con respecto a otras regiones, lo cual debe ser aprovechado.

 

ESTRÉS Y ARBOLES EN PELIGROS. La ingeniera Bordenave explica que además el déficit de árboles,  hay dos problemas que son muy importantes: el estrés y los árboles en peligro.

Estrés. Sobre el problema del estrés del arbolado, existen afectaciones que el árbol puede causar al sistema urbano, pero también hay complicaciones que el entorno urbano puede causar en el desarrollo de la vegetación. Estas situaciones deficitarias se traducen en problemas de estrés y posterior muerte de árboles.

Algunas de las causas más generalizadas de estrés son las agresiones por errores de manejo como suelos de relleno indebido, contaminación del suelo y agua con productos químicos para limpiar las veredas, acumulación de materiales de construcción en suelo, canteros, poco espacio en veredas,  entre otros.

También sufren daños por traumas,  como ser cercanía de la línea de edificación de viviendas, escases de luz solar, cableados aéreos o subterráneas, podas incorrectas y demás situaciones condicionante del crecimiento.

Además se generan daños por agentes patógenos como plagas animales  o vegetales que ingresan a la planta por el debilitamiento de las mismas, así como por enfermedades vegetales.

 

ARBOLES EN RIESGO. En relación a los árboles en riesgo como peligro para la ciudad, la ingeniera Bordenave explica que los árboles en el contexto urbano son sometidos a  constantes presiones, y durante las distintas etapas de su vida son agredidos en mayor o menor grado lo que determina consecuencias morfológicas y funcionales que disminuyen su estabilidad, su capacidad de reacción ante situaciones extremas y su caída o muerte.

 “Los árboles pueden debilitarse y caer por múltiples razones, pero hay que conocer el estado en que constituyen riesgos de intervenir” remarca la investigadora de la UNNE.

¿Cuándo preocuparse por un árbol? Cuando hay ramas muertas, cuando hay signos de ataques patógenos en hojas y troncos, cuando el tronco está muy inclinado, cuando se ha modificado el hábitat del árbol por construcciones cercanas, cundo se provoca un desbalance en los niveles acostumbrados de agua, y cuando hay heridas o hendiduras en los troncos, entre otros indicadores.

 

 PLANIFICACION DEL ARBOLADO. Para Bordenave, un plan estratégico de forestaciones urbanas incluye objetivos para diseñar, planificar y corregir el arbolado urbano, su posterior mantenimiento y la asignación a los vecinos de un lugar estratégico de participación.

Debe tenerse en cuenta ¿qué tenemos?, ¿dónde plantar? ¿qué plantar?, ¡cómo plantar?, ¿cuándo plantar?,  ¿cómo mantener? Y acciones de compensación por daños al arbolado.

“Las acciones planteadas deben plasmarse en normativas claras. Una ordenada gestión, planificación, desarrollo y mantenimiento de espacios verdes y arbolado público trae aparejado innumerables beneficios en la calidad de vida de los habitantes” resume la investigadora.

Propone, por último,  la elaboración de un “Manual de Buenas Prácticas de Forestación Urbana” que guíe el accionar del Estado y  propenda al involucramiento de la ciudadanía en el cuidado de los arboles con los que entra en contacto.

 

 

José Goretta

 

13 de agosto de 2015